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Son
Fiestas declaradas de interés turístico nacional. Si
hay una noche mágica, ésa es la más corta del año.
Era (es) un momento pagano. El sol en lo más alto del cénit
y una explosión hecha sol, tierra y fuego.
Pura
vida en ritos repetidos y antiguos.
La noche del 23 de junio,
la ermita de la Virgen de la Peña concentra ritual y
adrenalina. Mil kilos de leña de roble,
cuidadosamente preparados en un camino de brasas,
brillan en el recinto sampedrano. Antes de las doce, el
público del graderío se prepara, ante el fuerte calor
que despide la alfombra roja, para asistir a una
celebración ancestral que se ejecuta hacia poniente y
que los expertos señalan como ritual iniciático o
medio para lograr la inmortalidad a través de la
hoguera purificadora. Sea como fuere, el Paso del Fuego
es uno de los momentos más emocionantes del calendario
festivo más allá de las fronteras provinciales. Los
hijos de San Pedro traspasarán a medianoche las brasas
encendidas, solos o con alguien a cuestas, como lo hacen
cada año desde antiguo.
Cuentan que sólo ellos
pueden realizar la proeza (llamada pirobacia) que ha
despertado el interés de curiosos, científicos y
parapsicólogos. Se ha dicho de todo: desde que el
secreto reside en pisar fuerte para no dejar oxígeno y
evitar la combustión hasta que contienen la respiración,
pasando por la concentración, una suerte de éxtasis,
la fe, el sudor, el vino, algunas ampollas o burbujas de
aire que se interponen entre la piel y las brasas. El
caso es que los pasadores, en especial el aplomo de los
más expertos -encabezados por el célebre Chichorrillas
ponen la piel de gallina al caminar y después, cuando
se abrazan fuerte tras el Paso del Fuego. Todo ello ha
sido presidido por La Móndidas, tres jóvenes
sampedranas elegidas por sorteo entre las mozas
casaderas, que serán las protagonistas de los actos del
día siguiente. Cuentan que estas muchachas de vestido
blanco y un extraño cesto en la cabeza con flores de
pan y largas varitas de harina y azafrán (arbujuelo)
son el recuerdo de la abolición del Tributo de las Cien
Doncellas tras la derrota musulmana; dicen también que
no son sino la encarnación de las antiguas sacerdotisas
celtíberas... Son algunas de las tesis, infinitas, que
giran en torno a una fiesta antigua y espléndida en
Tierras Altas.
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