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LA MATANZA
Uno
de los hombres, empuñando un gancho, entraba decidido
en la pocilga y prendía al cerdo por debajo del mentón.
Los demás hombres, lo tumban y sujetaban para que el más
hábil hincara el cuchillo en su garganta tratando de
seccionar la yugular. Como un reflejo mecánico se hacía
una cruz en la sangre reciente vertida en un caldero y,
se destinaba a la inmediata elaboración de las
morcillas.
Luego,
se chamuscaba con paja y se raspaba su piel con un
cuchillo bien afilado para rasurarlo. Se colocaba patas
arriba y se realizaba una incisión longitudinal desde
la papada a las nalgas, dando entonces comienzo a la
minuciosa labor de extraer íntegra cada víscera.
Una
vez que se había seleccionado las carnes, se hacían
los chorizos y las güeñas y se salaban y adobaban los
lomos, los jamones, las paletillas y los costillares.
Toda
esta actividad era celebrada y sigue celebrándose en
tono semifestivo.
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JUEVES LARDERO
Era
costumbre entre los jóvenes ir juntos al campo a
merendar una típica tortilla de patata, chorizo y
huevo. En la actualidad lo tratamos de recuperar, aunque
hemos modificado ligeramente tanto el lugar como el
yantar.
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CARNAVALES
Fueron
prohibidos por no soportar con valentía la burla. La
posguerra enmudeció el carnaval y nos tragamos nuestros
propios complejos. De nuevo, ahora, podemos reirnos de
ellos.
El
pueblo también se transforma y celebra su carnaval.
Acaban con el entierro de la sardina. Tras una
chocolatada popular, se baila al compás de la charanga
en medio de la plaza.
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EL MERCADO TRADICIONAL
Se
vendían y cambiaban mercaderías, acudían de todas las
aldeas circundantes para abastecerse de lo que
necesitaban y el hecho de que fuese San Pedro el
epicentro significó una inestimable fuente de ingresos,
transformándose en fiesta pagana no menos importante
que el propio domingo, sin escuela para los chavales y
óptima oportunidad para los más traviesos de hurtar a
escondidas algo que llevarse a la boca. Acudía “La
Exclusiva”, viejo autobús que sembraba la Cosa de
viajeros venidos de fuera. Los tratantes vociferaban
para atraer al posible comprador.
Los
mozos y mozas aprovechaban para intercambiarse miradas cómplices
de un amor posible. Las gentes entre sí se conocían a
fuerza de acudir todos los lunes, y eso significaba un
calor humano necesario para combatir el aislamiento de
la comarca.
Con
otro significado diferente y con la añoranza de aquella
relación de intercambio con otras gentes, se celebró
en Agosto de 1998, con una ilusión difícil de repetir,
un mercado en la Cosa, evocando los antiguos puestos,
colaborando entrañables personas dispuestas a que fuese
un día inolvidable.
Salió
todo también, que se ha ido repitiendo estos últimos años.
La junta de Castilla y León lo ha incorporado al
calendario de Ferias y Mercados de la Región. |